Historia bancaria de Argentina, 1808-1892

En este apartado buscamos ofrecer una guía interactiva, asequible a todo público, para conocer y profundizar en la historia bancaria de Argentina en el siglo XIX. Con este propósito, conforme nuestro visitante se adentra en una breve explicación general sobre la reorganización financiera del país tras la Independencia, se le invita también a consultar bibliografía especializada sobre los temas tratados, conocer los billetes del periodo, acceder a documentos clásicos digitalizados, conocer los archivos en los que se albergan fuentes útiles y descargar algunas de las estadísticas históricas que los especialistas han reconstruido y que nosotros hemos compilado.

Los bancos de las Provincias Unidas y la Confederación Argentina (1822-1853)

El primer banco en el Río de la Plata fue el Banco de Descuentos de Buenos Aires, fundado en 1822 por un consorcio de prósperos comerciantes porteños y británicos, una década después de alcanzada la independencia. Ya en 1821, durante la administración del ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, el ministro de Hacienda, Manuel José García, propuso crear un banco emisor con dos propósitos ostensibles. Por una parte, la elite gobernante pensaba que sería beneficiosa la introducción de papel moneda en una provincia como Buenos Aires con escasez de metálico; el contraste era manifiesto con las provincias del interior como Córdoba, Mendoza, La Rioja, Salta y Jujuy, donde circulaban de manera preponderante los pesos de plata boliviano.   En segundo lugar, se consideraba que el nuevo banco podría ayudar a darle soporte a un mercado para los títulos de deuda pública y para el descuento de letras comerciales.

El Banco de Buenos Aires operó entre 1822 y 1825 como un banco comercial pero también como banco para el gobierno. Recibió buena parte de los depósitos procedentes del primer préstamo externo argentino, el famoso empréstito Baring de 1824. Con cuantiosas reserves metálicas, pudo emitir papel moneda convertible con éxito durante cuatro años, y contribuyó a un auge mercantil breve pero importante, en la ciudad de Buenos Aires y su hinterland. Ostensiblemente, el dinero del empréstito inglés debía ser empleado para financiar trabajos portuarios en Buenos Aires, pero en la práctica fue dedicado en su mayor parte a cubrir gastos de la guerra naval con Brasil entre 1826 y 1828.

Billete del Banco de Buenos Aires, 1823

Billete del Banco de Buenos Aires, 1823

Como en el caso de Banco do Brasil, la guerra provocaría la quiebra del Banco de Buenos Aires. En 1826 fue nacionalizado, ya que el gobierno requería la institución para financiar la guerra, y se rebautizó como Banco Nacional; continuó emitiendo billetes, pero ya no eran convertibles. De esta forma comenzaba un experimento original que duraría casi treinta años con circulación de papel moneda que no contaba con respaldo de metálico. Sin embargo, el Banco Nacional era cada vez más dependiente del gobierno: en 1827 sobre el haber en las cuentas, valorado en 15 millones de pesos papel, figuraban 11 millones pesos en préstamos realizados al gobierno. Para 1831 el banco tenía en circulación 15 millones de pesos en billetes en circulación, pero las deudas del gobierno con la institución ascendían ya a más de 19 millones de pesos papel.

Finalmente, en mayo de 1836, la administración de Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia y Estado de Buenos Aires, disolvió el Banco Nacional. Se declaró entonces que la moneda emitida estaría garantizada en adelante exclusivamente por el gobierno y que la instancia responsable por emisión y/o retiro de billetes sería la Casa de Moneda, la cual tuvo la singularidad de imprimir papel moneda, pero no metálico.

Durante casi veinte años -de 1835 a 1852- el gobierno encabezado por el caudillo Rosas, utilizó la Casa de Moneda para cubrir los déficits del gobierno y procedió a la emisión de billetes en gran escala, aunque debe reconocerse que estos instrumentos monetarios también sirvieron para todo tipo de operaciones comerciales en el puerto y la provincia.

 

Las ventajas de este sistema fueron que, durante los tiempos de bloqueos navales y guerra, el régimen de Rosas fue capaz de cubrir gastos mediante emisión de papel moneda por el tesoro estatal, siendo muy criticada por la oposición, pese a la eficacia del sistema. Durante el bloqueo francés del puerto de Buenos Aires en 1838-40 y el bloqueo anglo-francés en 1845-48, el gobierno recurrió a la emisión de papel moneda para cubrir los deficits que alcanzaban entre 60 y 80% de los egresos totales del gobierno. Este procedimiento tendió a ser inflacionario, pero en menor grado a lo imaginado, lo cual probablemente estuvo relacionado con dinamismo de la economía local en expansión que requirió un aumento de instrumentos monetarios para las transacciones mercantiles.

En resumidas cuentas, el éxito de las políticas fiscales y monetarias del régimen de Rosas se cifró en que, pese a las fuertes tendencias inflacionarias del sistema de emisión por fiat, éste resistió largo tiempo. Como han señalado diversos historiadores económicos, durante dos decenios el Estado de Buenos Aires fue financiado con una especie de impuesto inflacionario. El papel moneda (no convertible) fue instrumento para la realización de gran parte de los pagos de transacciones domésticas. La emisión no disminuyó después de la caída en Rosas en 1852 sino que siguió siendo utilizada por el gobierno del Estado de Buenos Aires.

A mediados del siglo XIX el brasileño Barón Mauá extendió su imperio financiero hacia el sur, estableciendo sucursales en Montevideo, Buenos Aires y Rosario.   En Rosario se dedicó a las clásicas actividades de prestamista de gobierno, sirviendo como banquero del general y gran terrateniente, José de Urquiza quien fuera máximo dirigente político del gobierno de la Confederación Argentina (1853-1862), alianza política que se conformó a partir de la unión de las provincias argentinas en contra de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires. Cuando Rosas fue derrotado en 1852 por las tropas de las provincias confederadas, el banquero brasileño pudo ampliar sus negocios en la zona del Río de la Plata.

Primer empréstito argentino, Baring Brothers

Primer empréstito argentino, Baring Brothers

Curiosamente, Mauá no apoyó la conformación del Banco Nacional de la Confederación (1854), auspiciado por la Confederación Argentina con base a un proyecto del comerciante banquero, Mariano Fragueiro, quien fue brevemente ministro de Hacienda del gobierno de Urquiza. Este temprano banco oficial naufragó debido a la falta de un fondo de garantía que respaldara su emisión, a pesar de contar con el derecho formal de emitir papel moneda de curso forzoso. Los billetes del Banco Nacional no fueron aceptados generalmente por los comerciantes y agricultores de las provincias del interior argentino y tampoco logró un nivel de depósitos satisfactorios. Seis meses después de ser establecido, el 26 de septiembre de 1854, el Banco Nacional de la Confederación y sus sucursales se mandaron liquidar. Poco después, varias de las funciones de la institución desaparecida fueron asumidas por una casa bancaria instalada en Rosario por el financista José de Buschental, la cual, después de una serie de contratiempos con el gobierno de la Confederación, sería transferida a manos del banquero brasileño.  

El Banco de la Provincia y el Banco Nacional (1854-1890)

No sería hasta después de la ruptura entre el gobierno de la Confederación Argentina y la refundación del Estado de Buenos Aires en 1854 que se pudo establecer el Banco de la Provincia de Buenos Aires, (BPBA) siendo declarado banco de depósitos de carácter público.

El caso del Banco de la Provincia de Buenos Aires, fundado en 1854, era ilustrativo de la simbiosis de intereses entre los directivos políticos y los empresarios porteños interesados en impulsar proyectos bancarios que favorecieran a una gama muy amplia de clientes que incluirían no sólo grandes estancieros sino también a medianos propietarios, a los promotores de agro/industrias y al primer ferrocarril estatal.

De la lectura de los primeros informes anuales del Banco de la Provincia se desprende que uno de los modelos principales para su funcionamiento fue el Crédit Foncier de France, fundado en 1852. Pero, a su vez, el banco bonaerense incorporó algunas de las características del muy conocido Crédit Mobilier de París, innovador en el terreno de las inversiones a largo plazo. Siguiendo las líneas operativas de ambas de estas instituciones financieras, el Banco de la Provincia proporcionó créditos a corto, mediano y largo plazo a bajas tasas de interés que dieron un enorme impulso a la expansión económica regional.

A partir de 1863, el BPBA se transformó en una compañía de capital mixto, con una fuerte participación del gobierno provincial. Rápidamente el banco abrió sucursales por toda la extensa provincia, la cual estaba experimentando un gran crecimiento basado principalmente en la ganadería, la agricultura, y el comercio, con tasas anuales de crecimiento que no tenían parangón en el resto de Latinoamérica. El Banco de la Provincia de Buenos Aires fue bautizado el “habilitador” de la producción ganadera (en especial lanera) de la provincia en tanto otorgó cantidad de préstamos a tasas de interés razonables a varios millares de propietarios medianos y grandes. Su historia temprana nos revela una institución bastante singular en cuanto a las formas y funciones de sus operaciones crediticias. Tenía, en primer término, el carácter de un banco de gobierno con monopolio sobre la emisión de papel moneda y manejaba las cuentas del gobierno y su deuda doméstica.

A la vez, operaba como un exitoso banco privado comercial que logró atraer los ahorros de la mayoría de los ganaderos y comerciantes (sobre los que se pagaban intereses atractivos), pero además difundió créditos a toda la provincia. Para este fin creó una extensa red de sucursales, y al cabo de un decenio se convirtió en la mayor institución bancaria de América Latina -en lo que se refiere al monto total de depósitos y de créditos- situación que, dicho sea de paso, habría de conservar hasta fines de la década de 1880.

En lo que se refiere a los créditos, un elemento original, comentado por todos los autores de la época, consistía en el hecho de que gran parte de los préstamos de esta institución eran de “habilitación”, los cuales -a pesar de ser otorgados inicialmente por 90 días- podían ser renovados con cierta facilidad, permitiendo a los clientes una fuente importante de capital a mediano plazo. Todavía más ventajoso era el hecho de que el banco oficial otorgaba créditos a tasas de interés que variaban entre 8 y 10% por año, sustancialmente más bajas que las habituales en el mercado de préstamos privados.

Por otra parte, los atributos del Banco de la Provincia con respecto a las finanzas gubernamentales eran vastos. No sólo supervisaba la recaudación de una parte de las aduanas estatales, recibía depósitos gubernamentales, compraba bonos estatales y otorgaba préstamos directos a los gobiernos provincial y nacional, sino que ejercía un monopolio sobre la emisión de papel moneda, al menos hasta 1872. Tan inmenso poder lo convertía en interlocutor indispensable para la administración estatal en las esferas monetaria y financiera. De allí que, después de 1862, cuando Buenos Aires se incorporó al gobierno nacional, se diera una relación simbiótica pero contradictoria entre la nación y la provincia, convirtiendo al banco en un elemento decisivo en la evolución de la dinámica política y financiera argentina.

(Debe destacarse el detalle de que, en el billete impreso, se lee que quien garantiza la convertibilidad es “la provincia” (el gobierno) “por la junta” (es decir, vía el banco, que es casi un apéndice suyo y viceversa). Uno de los ejemplos de esta vinculación estratégica entre el banco y el gobierno se produjo a partir del estallido los Guerra del Paraguay (1865-1870) que involucró a todas las naciones de la Cuenca del Río de la Plata.

9 billete banco de la provincia 1865

Al prolongarse la guerra, el gobierno se vio ante la necesidad de buscar un mayor volumen de fondos a mediano y largo plazo con costos más bajos. Los créditos comerciales eran bastante caros, con intereses que llegaban hasta el 18% anual, como en el caso del préstamo otorgado por el Banco de Londres y Río de la Plata. Para cubrir parte de los gastos de guerra, el gobierno argentino negoció empréstitos externos en Londres de 1866 y 1868 a tasas de apenas 6%, pero en realidad eran mucho más caros porque los bonos se vendieron con un gran descuento. Para completar el financiamiento de la guerra existían solamente dos posibles soluciones alternativas para recabar dinero dentro de país: la primera consistía en tratar de vender bonos en las plazas locales, pero este procedimiento se había agotado; la segunda consistía en solicitar una serie de créditos renovables de la mayor institución financiera del país, el Banco de la Provincia de Buenos Aires. De hecho, las aportaciones del banco provincial fueron esenciales en el financiamiento de la guerra e implicaron costos financieros relativamente bajos ya que las tasas de interés que cobraba el banco no solían rebasar el 9% anualmente.

En total, el banco provincial otorgó unos seis préstamos a Hacienda entre 1865 y 1870 que sumaron 15 millones de pesos, o sea aproximadamente 50% de los gastos totales invertidos en la Guerra del Paraguay.

Sortearon mucho mejor la crisis de 1864 y la guerra tres firmas de capital inglés que ya estaban activas en Brasil, el Banco de Londres y Brasil (1862), el Banco Anglo/Portugués (1862) y el pequeño Banco Inglés de Río de Janeiro (1863). Este éxito se debió en buena parte a sus prácticas más conservadoras –como señaló el historiador bancario David Joslin- ya que supieron conservar importantes reservas en oro y limitaron sus créditos a las casas más solventes y con mayor liquidez. Dicha políticas se vinculaban con el hecho de que en estos bancos ejercieron un papel clave fuertes casas mercantiles anglo/brasileñas que se dedicaban al financiamiento de las exportaciones de café, especialmente, las ya influyente empresas de Knowles and Foster, de Londres y Río, y la de E. Johnston and Company de Liverpool, Río de Janeiro y Santos.

La única institución bancaria en Brasil que promovía inversiones a largo plazo en otros sectores y en la industria era el Banco Mauá,. Su singular fundador, el Barón de Mauá, había iniciado su carrera mercantil dedicándose al financiamiento del comercio anglo/brasileño mediante la creación de un banco privado Mauá, MacGregor y Compañía, con oficinas en Río de Janeiro y Londres.

La colaboración del banco fue claramente indispensable para el gobierno, pero ello no implicó que el banco se viera perjudicado por estas operaciones. Al contrario pudo conservar y consolidar su posición como institución dominante en los mercados de crédito del país y especialmente como contralor preeminente de la política monetaria de la economía. Es más, hacia 1870 el Banco de la Provincia de Buenos Aires no sólo era el banco comercial más grande de la Argentina sino de toda la región latinoamericana en términos de monto de capital, depósitos y número de oficinas bancarias, y hacia 1882, de acuerdo con Mulhall, el valor de su capital y de sus depósitos era equivalente a los mismos rubros en el Banco Imperial de Alemania, lo que permite considerarlo uno de los grandes bancos comerciales de la época a escala internacional.

No es de extrañarse que comenzaran a discutirse alternativas financieras para contrarrestar el poderío del banco provincial. Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento 1868-1874), se estableció el Banco Nacional, que eventualmente abrió más de 20 sucursales, la mayoría en las capitales de las diferentes provincias de la extensa nación. Fue constituido por ley del 5 de noviembre de 1872, y recibió el derecho de realizar operaciones de descuentos de letras, depósitos en cuenta corriente, y a plazos, así como préstamos al gobierno nacional y a los provinciales. Disfrutaba del privilegio de emitir billetes al portador, convertibles a la vista y admitidos en todas las oficinas públicas; en principio, dicha emisión debía estar respaldada por una reserva en metálico y no podía exceder el doble del capital realizado, aunque pronto se dejaron de respetar estas reglas. Además, como agente del Estado en todas sus operaciones financieras, tenía privilegios especiales, siendo la institución preferida para los depósitos fiscales y judiciales y para el descuento de letras del gobierno.

El Banco Nacional era una institución mixta: el gobierno nacional poseía aproximadamente 10% de capital original (20 millones de pesos moneda nacional), y tenía derecho a nombrar tres de sus doce directores. Su desarrollo en sus primeros años fue limitado por la crisis económica de los años 1873-76 pero posteriormente se convirtió en rival del Banco de la Provincia de Buenos Aires ya que llegó a controlar las cuentas del gobierno federal y a manejar una gran cantidad y variedad de cuentas privadas en todo el país.

En Argentina había sido tan notorio el éxito del Banco de la Provincia de Buenos Aires – alcanzando el puesto de mayor banco de Latinoamérica en fechas tempranas- que la administración del presidente Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) resolvió crear un rival público que pudiera operar en todas las provincias de ese país. Por ello en 1872 se creó el Banco Nacional que tendría un azaroso desempeño durante casi dos décadas hasta su estrepitoso colapso en la crisis financiera de 1890, y su reemplazo por el Banco de la Nación, institución más sólida, que ha durado hasta nuestros días.

12 billete del banco nacional 1873